miércoles, 24 de abril de 2013

ESQUEMA DE LLAVES


Chic@s de 4to año A y B...

Esta actividad la deberán presentar la próxima semana (del 29 de abril) junto con el esquema de llaves en limpio, que se empezó a trabajar en clase.

A continuación encontrarás un fragmento que habla de los sueños. Elabora su ESQUEMA DE LLAVES, con los pasos que se explicaron anteriormente.

"La observación de los animales durmiendo en el zoo, mediante el empleo de la cámara de televisión de rayos infrarrojos, nos ha facilitado el conocimiento de cosas de las que podemos sacar importantes conclusiones. Los científicos sentados junto al receptor en la habitación próxima tuvieron la impresión de que los animales eran asustados frecuentemente durante la noche por angustiosas pesadillas.
¿Es que pueden soñar los animales? Gracias a los perros, el animal que con más frecuencia y detalle podemos observar mientras duerme, sabemos que en ocasiones se agita, se lame y saliva como si estuviera comiendo un trozo de su manjar preferido; en otras ocasiones gruñe, ladra y agita el rabo y las patas en el aire como si participara en una cacería. Frecuentemente levantan las orejas o se comportan de un modo que lleva a pensar que están haciendo el acto de amor. Sus ladridos siempre suenan como si vinieran de lejos y esto se debe a que el perro dormido casi no abre el hocico.
De repente, en medio de su sueño, el perro salta, se pone de pie y adopta la postura de amenaza, con los dientes fuera y el hocico fruncido. El observador en casos así tiene la impresión profunda de que el perro busca alguna cosa que hubiera desaparecido. Una sorpresa increíble, una gran desconfianza experimenta el perro que se va despertando poco a poco. Hasta que recupera su consciencia de manera paulatina y se tranquiliza. ¿Se da cuenta el perro de que ha soñado? ¿Confunden los animales los sueños con la realidad? ¿Están siquiera en condiciones de recordar lo soñado? Desgraciadamente, ningún animal puede darnos respuesta a estas preguntas. Lo que sí podemos hacer es tratar de sacar algunas consecuencias de su comportamiento. Así cuando el dueño de Harro nos cuenta que algunas mañanas, al despertarse y sin ninguna razón que lo justifique, su perro actúa con él como si estuviese molesto u ofendido, puede deducirse que soñó que su dueño se comportaba injustamente con él. En los días en que mi hija Nicola era todavía un bebé, experimenté con frecuencia la sensación de que confundía el sueño con la realidad. También sabemos algo más en este terreno: podemos "llenar" el sueño de un perro con un variado "contenido de vivencias". Si al darnos cuenta de que está en estado de ensoñación movemos cuidadosamente su hocico con la mano, veremos que tratará de cogerla como si fuera un conejo, si, en esas mismas circunstancias, le damos a oler unas agujas de abeto, comenzará a hacer movimientos como si estuviera en el bosque. El olor a huesos o carne desatará en él un agradable masticar y se limpiará el morro con la lengua. En los gatos, debido a su carácter poco dado a demostrar sus sentimientos, los signos externos de sus ensueños son más raros, lo mismo que sus reacciones. Sin embargo, se ha podido observar que a veces, mientras duermen, ronronean, bufan y sacan las uñas. En tiempos pasados, las vivencias bélicas tuvieron que ser para los caballos uno de los ingredientes de sus terrores. Los que en el transcurso de una batalla recibían fustazos, heridas punzantes o de bala, sufrían posteriormente pesadillas en las cuales eran atormentados por esos recuerdos. Relinchaban con fuerza, coceaban, mordían y se agitaban como si estuvieran agonizando. Un pequeño ejemplar de mono de África del Norte que el doctor Heusser, del zoo de Zurich, se llevó a vivir a su casa, dejaba oír en sueños una especie de susurro: el sonido que estos monos lanzan cuando se han perdido o se encuentran en peligro. Si una horda oye ese grito suave, de inmediato emprende la búsqueda. ¿Significa esto que los monos de los zoológicos sueñan con los tiempos en que todavía vivían en la selva? Cuesta trabajo observar a un canario o a un periquito cuando duermen agotados, con los ojos cerrados y el pico entreabierto por el que dejan escapar un leve trino. Pero esto basta para probar que los pájaros también sueñan, aunque sea relativamente poco. Disponemos de dos medios para establecer con seguridad si un animal sueña o no: el primero consiste en registrar su actividad cerebral mediante el electroencefalógrafo (EEG), que recoge, durante el dormir, impresiones muy distintas según el observado esté soñando o durmiendo profundamente. En vela el registro también es distinto. El segundo método es la observación de los movimientos del globo ocular, que también puede ser registrado eléctricamente. Los investigadores oníricos han observado que cuando un hombre dormido sueña, sus globos oculares se mueven bajo los párpados cerrados, van animadamente de un lado para otro, como si el soñador se encontrara frente a una pantalla de televisión.
Esos movimientos del globo ocular se dan igualmente en los animales superiores cuando ensueñan, durante la llamada fase REM (del inglés “rapid eye movement). Esto se considera como indicio seguro, irrefutable, de que también estos animales están viviendo en esos momentos en su fantasía, totalmente ajena a la realidad, dramáticos acontecimientos. Con esos métodos se ha podido demostrar, hasta ahora, que los siguientes animales viven el fenómeno onírico: perros, gatos, ratones, zarigüeyas, conejos, ovejas, cabras, asnos, macacos, chimpancés, así como algunas aves. El estudio de las tortugas y otros reptiles descubrió algo sorprendente: conocen el sueño profundo normal, pero no ensueñan nunca. Los anfibios y los peces todavía no han sido investigados científicamente para descubrir si poseen esa facultad ensoñadora.
Se ha estudiado igualmente cuánto tiempo sueñan el hombre y otros animales.
En el ser humano el juego nocturno entre el dormir y el ensoñar se desarrolla del siguiente modo: inmediatamente después de presentarse los primeros síntomas de adormecimiento, comienza una pausa de dormir profundo que dura entre los cincuenta y los setenta minutos. La sigue una fase de ensueños que dura, aproximadamente, unos veinte minutos. Esto se va repitiendo en el transcurrir de la noche a un ritmo de ochenta o noventa minutos. Consecuentemente, cada persona normal sueña tres o cuatro veces en la noche, es decir, algo así como el 20 por ciento del tiempo que dura el dormir. Por lo general uno no recuerda los ensueños, que se olvidan rápidamente. Si el despertar tiene lugar antes de que hayan transcurrido diez minutos después de la terminación del ensueño, uno se acordará de él, con mayor o menor detalle; pero si transcurre un tiempo mayor entre el ensueño y el despertar todo recuerdo desaparece. Esto está demostrado experimentalmente por personas que se ofrecieron voluntariamente para someterse a la experiencia y a las que el profesor W.C. Dement despertó durante la noche, en pleno periodo de ensueño, y que pudieron describirle con todo detalle qué era lo que estaban soñando al ser despertados.
La opinión, expresada anteriormente, de que una visión que al término del ensueño parecía muy larga era realmente sólo una aparición sacada del archivo del subconsciente, ha sido desmentida por las nuevas investigaciones en este terreno. Cada sueño dura aproximadamente unos veinte minutos; desde luego esto se refiere tan sólo a los seres humanos entre los diez y los cuarenta años. Los ancianos sueñan menos, sólo un trece por ciento del tiempo que duermen, que suele ser unas seis horas. Los niños duermen más y sueñan más, sobre todo cuando tienen menos edad. Los recién nacidos se pasan soñando la mitad de las dieciséis horas que duermen al día. En los prematuramente nacidos los investigadores han probado que el periodo de ensueño puede ser hasta del ochenta por ciento de todo el tiempo que duermen. Y su cerebro trabaja con tanta actividad como si estuviera creando las más extremadas fantasías"